¡Qué bendición poder estudiar juntos este pasaje! vemos en Filipenses 3:12-16 el corazón palpitante de la vida cristiana. Pablo nos habla aquí no como un superapóstol inalcanzable, sino como un corredor que todavía tiene sudor en la frente y los ojos fijos en la meta.
Analicemos este "mapa espiritual" para nuestra carrera de fe:
1. La Humildad del Crecimiento (v. 12-13a)
Pablo comienza con una dosis de honestidad brutal: "No que lo haya alcanzado ya". Si alguien tenía "currículum" espiritual era él, pero reconoce que aún no es perfecto.
-
El concepto clave: La vida cristiana no es haber llegado, sino estar en camino.
-
"Asir aquello para lo cual fui asido": Esta es una frase poderosa. Pablo dice: "Yo quiero alcanzar a Cristo, porque Él ya me alcanzó (me agarró) a mí primero". Corremos no para que Dios nos ame, sino porque Él ya nos amó y nos tomó para Sí.
2. El Enfoque del Corredor (v. 13b-14)
Aquí Pablo nos da la clave del éxito espiritual con una estrategia de dos pasos:
-
Olvidando lo que queda atrás: Esto incluye tanto los fracasos que nos dan culpa, como los éxitos que nos dan orgullo. El pasado puede ser un ancla; Pablo nos manda a cortarla.
-
Extendiéndose a lo que está delante: La palabra griega sugiere a un atleta con el torso inclinado hacia adelante, dando todo de sí.
-
La Meta y el Premio: El premio no es algo material; el premio es Cristo mismo y el llamado a estar con Él por la eternidad.
3. La Madurez de la Persistencia (v. 15-16)
Pablo hace un juego de palabras interesante con la "perfección". Dice que los que somos "perfectos" (maduros) debemos pensar así.
-
Madurez es reconocer que nos falta: Paradójicamente, el cristiano más maduro es aquel que reconoce que aún necesita crecer y que no se conforma con su estado actual.
-
La Regla de Oro: En el versículo 16, nos exhorta a no retroceder. "En aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla". Si ya has aprendido a orar, a amar al prójimo o a leer la Palabra, no lo sueltes. Mantén el terreno ganado mientras conquistas el que falta.
Aplicación para tu vida hoy:
-
Evalúa tu "equipaje": ¿Qué cosas del pasado (pecados perdonados o glorias pasadas) te están impidiendo correr con agilidad hoy? Déjalas a los pies de la cruz.
-
Ajusta tu visión: No te compares con otros hermanos; compárate con la meta que es Cristo.
-
Mantén el paso: La vida cristiana es una carrera de resistencia, no de velocidad. Lo importante es no dejar de avanzar, bajo la misma "regla" de fe y amor que hemos recibido.
No dejes que el ayer te detenga ni que el hoy te acomode. ¡Hay un premio eterno esperándote!
Querido hermano. Vamos a presentarnos delante del Señor con un corazón dispuesto a ser moldeado por Su Palabra. Te invito a que cierres tus ojos y hagas tuya esta oración:
Oración: "Señor, ayúdame a proseguir a la meta"
"Padre Celestial, venimos ante Ti con humildad, reconociendo que, al igual que el apóstol Pablo, aún no somos perfectos y todavía nos queda mucho camino por recorrer. Gracias por habernos 'asido' primero; gracias por alcanzarnos con Tu gracia cuando estábamos perdidos.
Señor, hoy te pedimos que nos des la fuerza espiritual para olvidar lo que queda atrás. Te entregamos nuestras culpas, nuestros errores pasados y también los orgullos que nos impiden avanzar. No queremos vivir en el ayer, sino en la victoria que Tú tienes preparada para hoy.
Danos la pasión de un corredor que se extiende hacia lo que está delante. Que nuestro corazón no se conforme con la mediocridad espiritual, sino que cada día busquemos conocerte más, amarte mejor y servirte con integridad.
Ayúdanos a seguir una misma regla, a ser constantes en lo que ya hemos aprendido y a caminar en unidad con nuestros hermanos. Que nuestra mirada no se desvíe hacia los lados, sino que se mantenga fija en el premio supremo: Jesucristo mismo.
En Sus manos ponemos nuestra vida, nuestra familia y nuestra carrera de fe. ¡En el nombre precioso de Jesús, Amén!"
Añadir comentario
Comentarios